jueves, 29 de abril de 2010

MANUAL DE UN CRONOMETRISTA


Una de las imágenes más idealizadas del deporte de las carreras de caballos es el galope, cronómetro en mano, del purasangre al amanecer. Un ejercicio sacrificado y concienzudo para obtener el mayor La preparación y el entrenamiento del caballo de carreras es una ciencia compleja. El purasangre no es una máquina y, como cualquier ser humano, es susceptible de no explotar sus buenas condiciones en la competición. Para eso se prevé un plan de trabajo, siempre muy temprano por la mañana, con los primeros rayos desesperezándose y las brumas acosando. Sobre pistas de arena, con pocos espectadores, muchos bostezos y el crono en la mano. Pero, sobre todo, con un alto grado de exigencia, que tiene como fin la llegada del animal al hipódromo con las máximas garantías de éxito. El caballo destinado a las carreras comienza a entrenar cuando cumple su primer año. Primero se le pone la montura para que vaya acostumbrándose a ella y, poco a poco, cuando se habitúa, se sube el jockey para que el animal se familiarice con él. Si su jockey sabe montar, tendrá en sus manos un caballo fácil de conducir que responderá muy bien a sus órdenes. MONTAS MEDIDAS Los galopes de entrenamiento se inician con las primeras luces del amanecer. El objetivo está claro: preparar al animal para realizar un esfuerzo determinado en donde desarrolla toda su velocidad intentando cubrir una distancia sin cansarse y sin llegar a tal punto de agotamiento que pueda acusarlo físicamente. Y, repetimos, con el objetivo que emplee al máximo su mecanismo de defensa: la velocidad, un fin único en sí mismo, ya sea para carreras de corta distancia, como para largas; al final, gana aquel caballo que estando bien entrenado sea capaz de cubrir la distancia de la carrera en un tiempo menor que sus adversarios. El entrenamiento consiste, principalmente, en galopes diarios sobre distancias que pueden variar entre los 2.000 y los 3.500 metros, combinado con ejercicios de velocidad sobre distancias más cortas, como son 300, 500 u 800 metros. A medida que el caballo se va acondicionando, el nivel de exigencia del mismo debe ir aumentando gradualmente. Este aumento progresivo es lo que permite que el caballo adquiera su adaptación física y mental al ejercicio. Lograr que el caballo alcance su nivel más alto no es fácil. El entrenamiento excesivo, no controlado, denominado popularmente como “overtraining”, puede debilitar y provocar el colapso de los principales sistemas corporales del animal, causándole trastornos como inapetencia, depresión y, quizá lo más importante, lesiones de su sistema locomotor (múltiples luxaciones de tendones, rodillas o ligamentos). Sólo un buen acondicionamiento de este sistema mejora el desempeño del caballo durante el trabajo diario, pero también da a los miembros la estabilidad necesaria para soportar no únicamente su propio peso, sino también el del jinete, que al final de la carrera, en el animal fatigado, se multiplica varias veces causando lesiones. Todo ello supone que el acondicionamiento físico del caballo implique cambios a nivel cardiorrespiratorio y músculo esquelético para que estos sistemas sean más eficientes durante el ejercicio, además de un cambio de conducta que permita la adaptación del animal a los niveles de exigencia que impone la pista de un hipódromo sin provocar ningún tipo de colapso del mismo. TIPOS DE EJERCICIOS El doctor Carlos M. Corvalán, prestigioso preparador argentino que estuvo entrenando en los años ochenta en nuestro país, ofreció hace años una ponencia sobre el entrenamiento del caballo de carreras. En la misma indicaba que existían ejercicios suaves y ejercicios más movidos. Su argumento es que entre un galope normal, alegre, liviano o largo, la diferencia estriba en la velocidad. Pero, cuidado: no es matemático. El uso del cronómetro ayuda ofreciendo una orientación de la velocidad que lleva el animal cada cierta cantidad de metros marcados como pauta. Hoy se ha impuesto el cánter como práctica habitual para designar el galope corto de calentamiento que hacen los caballos antes de la carrera. Muchos entrenadores dividen el entrenamiento diario en tres categorías, de menor a mayor intensidad del galope: cánter jaca, cánter normal o cánter abierto. Las partidas (breezes, en Estados Unidos), en cambio, son ejercicios que se desarrollan a ritmo de carrera, sobre distancias que varían entre los 200 metros y el 50% de la distancia que vaya a correr el équido. Éstas pueden desarrollarse a voluntad del caballo; es decir, “en mano” o con la máxima exigencia, en donde el jinete arrea enérgicamente al animal e, incluso, llega a hacer uso del látigo como estímulo en los ejemplares que lo necesiten. Como meros ejemplos, citaremos que, tomando como base los 500 metros, un galope alegre se puede pasar en 38-40 segundos; un galope liviano, en 34-36 segundos, y un galope largo entre 31-32 segundos. Estos ejercicios se pueden hacer de forma progresiva o continua. El entrenamiento progresivo precisa de mucho más tiempo para lograr la forma del caballo. Deberá ir pasando de etapa en etapa, o sea, de galopes más suaves a otros más enérgicos, con la misma fatiga. En cambio, un entrenamiento continuo permite pasar de un galope estándar a las partidas o breezes. Estas partidas, normalmente dos por semana, son exigentes y extenuantes. El animal se fatiga menos a medida que se suceden unas a otras, hasta llegar a su grado de forma. Por último, está el “interval training”, un entrenamiento muy duro propio de los purasangres fuertes y más resistentes. El preparador que escoge esta modalidad lohace para caballos que corren por encima de la milla. La mecánica es bien sencilla: ejercicios medianos o intensos, separados entre sí por breves periodos de recuperación, y que deben utilizarse para controlar el pulso y la respiración. CON VISTAS A LA CARRERA No será lo mismo entrenar a un “viejo” de 4 o 5 años que a un “clásico” de 3 años, y menos, todavía, a un potro por debutar. Tampoco si se trata de una carrera de grupo, si se trata de una reaparición o de un debú. Siguiendo la ponencia del doctor Carlos M. Corvalán, pues “cada maestrillo tiene su librillo”, podemos tomar como ejemplo el entrenamiento de un potro de dos años para debutar sobre una distancia no superior a los 1.400 metros. Es preciso un plazo de entre 90 a 150 días para tenerlo listo para su primera carrera en el hipódromo. Los primeros meses, las vueltas al trote, calentamientos, galopes y paseos preceptivos se imponen en la preparación del animal de lunes a sábado, dejando el domingo como día de descanso. Partiendo de la base de que ya ha transcurrido ese tiempo (de 90 a 150 días), y que el potro está en condiciones de trabajar fuerte, una semana tipo podría ser así: Lunes: partida (breezes) sobre 400 metros. Martes: caminar de 30 a 60 minutos. Miércoles: galope sobre 1.600 metros. Jueves: galope sobre 3.200 metros. Viernes: galope sobre 3.200 metros. Sábado: partida (breezes) sobre 400 metros. Domingo: descanso. Después se va endureciendo el entrenamiento y ajustando los cronómetros. Llegan las partidas más largas, siempre 200 metros por debajo de la distancia de la carrera, y comienza a diferenciarse la necesidad entre preparar una carrera de distancia corta, mediana o larga, según si el caballo es sprinter, millero o fondista.



El entrenamiento de un atleta, deportista de alto nivel para una competencia, es el producto de meses y hasta años de preparación tanto física como mental, que le permiten al mismo adquirir un tope de condición que alcanza su máxima expresión a escasa horas del inicio de la competencia. El entrenamiento diario prepara a los atletas para que su organismo funcione de una manera eficiente durante el ejercicio, pero sumado a esto, el estímulo de la competencia genera sensaciones tales como el miedo o la excitación, que provocan la secreción de sustancias por parte del organismo, cuya función es generar un estado de alerta que, casualmente, prepara a los principales sistemas corporales para hacerlos más eficientes durante la actividad física. En el caso específico del caballo en su estado más natural, este tipo de sustancias se liberan para estimular en él mismo, una respuesta de defensa a una situación de peligro como puede ser la presencia de algún depredador. Los sistemas corporales se sumaran para que el caballo utilice de la forma más eficiente su principal mecanismo de defensa, la velocidad. ¿Pero qué ocurre en el caballo de carrera?; ¿en qué consiste ese proceso de adaptación o acondicionamiento a la actividad física?; ¿qué sucede a escasa horas del inicio de la competencia?. El entrenamiento de un caballo de carrera, consiste principalmente, de galopes diarios sobre distancias que pueden variar entre los dos kilómetros y los tres kilómetros y medio, combinado con ejercicios de velocidad sobre distancias más cortas, conocidos como “briseos”. A medida que el caballo se va acondicionando al ejercicio, el nivel de exigencia del mismo debe ir aumentando progresivamente, este aumento progresivo en el nivel de entrenamiento es lo que permite la adaptación física y mental del caballo al ejercicio. Sí al caballo no se le exige progresivamente en el entrenamiento, él puede alcanzar algún grado de condición, pero nunca a un nivel que le permita desempeñarse con éxito en carrera. Lograr que el caballo alcance el tope de su condición no es tarea fácil, el ejercicio excesivo, no controlado, denominado comúnmente como “overtraining” puede debilitar y provocar el colapso de los principales sistemas corporales del animal, causándole trastornos tales como inapetencia, depresión y quizás lo más importante, lesiones a nivel de su sistema locomotor. El entrenamiento diario va a influir directamente sobre el sistema respiratorio y cardio-vascular, haciendo más eficiente durante el ejercicio el aporte de oxigeno y compuestos energéticos a los tejidos, en especial al músculo. Igualmente, procesos tales como la termoregulación y la eliminación de sustancias producto del metabolismo, que causan fatiga muscular, también se ven mejorados. La adaptación cardio-respiratoria al ejercicio ocurre mucho más rápido que la del sistema músculo-esquelético, esto es importante a considerar ya que al mejorar la disposición del caballo ante el ejercicio, sin haber alcanzado el acondicionamiento de músculos, tendones, ligamentos y huesos, el caballo estará propenso a sufrir lesiones en sus miembros. El acondicionamiento de músculos, ligamentos y tendones mejora el desempeño del caballo durante el ejercicio, pero también y quizás aun más importante, le da a los miembros la estabilidad necesaria para soportar no sólo el peso del caballo, sino también el del jinete, que al final de la carrera en el animal fatigado, se multiplican varias veces causando lesiones. Cuando el caballo alcanza el tope de condición adopta una actitud de “superioridad”, con ella nos está diciendo que quiere correr, y en su más simple “raciocinio” animal, él se siente preparado física y mentalmente para competir. Esta actitud, en mi opinión personal, ya que no ha sido estudiada en el caballo, la asocio con el “estado de euforia” que provocan en los atletas humanos unas sustancias producidas por el organismo conocidas como endorfinas, altos niveles de las mismas, han sido asociados a la práctica de actividad física provocando en las personas que se ejercitan regularmente un estado placentero físico y mental. Como podemos ver el acondicionamiento físico del caballo no sólo implica cambios a nivel cardio-respiratorio y músculo-esquelético para que estos sistemas sean más eficientes durante el ejercicio, también implica un cambio de conducta, un estado de animo que se alcanza bajo un régimen de entrenamiento exigente pero progresivo, que permita la adaptación del animal a los niveles de exigencia sin provocar el colapso del mismo. El día de la carrera el caballo espera calmadamente en su “puesto”, aproximadamente unas dos horas antes de la hora de partida comienza la ultima fase de la preparación del animal para afrontar la competencia. Desde el mismo momento que su caballerizo abre la puerta del “puesto”, rompe su calma y lo toma de la jáquima para comenzar a “vestirlo”, (colocación de los implementos que usa el caballo para correr) se inician una serie de eventos asociados a la liberación de una sustancia conocida como adrenalina, los cuales crecen progresivamente, alcanzando su nivel máximo a escasos minutos de la partida. Apenas el caballo deja su caballeriza, el corazón comienza a latir más rápidamente, alcanzando los 70 a 90 latidos por minuto al momento del ensillaje. El bazo, órgano ubicado en la cavidad abdominal, que en el caballo actúa como reservorio de glóbulos rojos, se “exprime” y lanza al torrente sanguíneo un gran número de células rojas extra, un “doping”sanguineo que ocurre de forma natural, ambos eventos facilitan el transporte de oxigeno por la sangre hacia los tejidos. La respiración, así como la cantidad de aire inhalado y exhalado van elevándose gradualmente de acuerdo a las necesidades corporales de oxigeno, las cuales pueden aumentar hasta treinta y cinco veces con respecto al reposo. Estos eventos junto a otros más, se van sucediendo gradualmente durante el proceso de “calentamiento” del animal, alcanzando su máximo nivel, cuando el caballo ya dentro del aparato de partida, espera sólo el timbre para comenzar a correr. Nos podríamos preguntar entonces, ¿el caballo corre asustado?, quizás algo de eso puede ocurrir en el potro indócil que hace su debut, igual que cualquier novato en cualquier deporte puede ser presa del nerviosismo, sin embargo el caballo, un animal de habito, se acostumbra a la carrera, a la cercanía de otros caballos en el pelotón, al publico, al terronazo, al látigo a la victoria.






NUTRICION: Consecuencias de los Errores en la Alimentacion

El Domingo, 11 de abril de 2010 a las 14:11
Una alimentación adecuada debe tener en cuenta, sus principios básicos: 1) necesidades propias de los caballos. 2) exigencias particulares, en correspondencia con los requerimientos de los nutrientes calculados para los distintos tipos de individuos y su actividad. 3) aporte de los alimentos Las necesidades o requerimientos de los equinos, demandan distintas exigencias de proteínas, hidratos de carbono, lípidos, vitaminas, minerales y agua. Pueden dividirse en dos grandes grupos: • Mantenimiento: condición de equilibrio donde el animal no gana ni pierde peso. El ejemplo típico de este animal es el que está suelto en el campo sin realizar ningún tipo de actividad. El alimento ingerido es utilizado para mantener sus necesidades básicas. • Producción: están incluidos en este grupo la reproducción, gestación, lactancia, el crecimiento, trabajo, deporte y el engorde. Cuando las necesidades de los elementos alimenticias no son satisfechas comienzan a aparecer consecuencias desfavorables en el plano de la salud. Generalmente los desbalances nutricionales que se presentan están encuadrados en cuatro grandes grupos: calidad, cantidad, cambios bruscos y forma de administrar los alimentos. Las enfermedades causadas por desórdenes alimenticios cubren un espectro muy amplio, destacándose: 1) alteraciones y desórdenes digestivos. 2) anomalías en el tejido óseo. 3) retraso en el crecimiento. 4) trastornos en la reproducción. 5) trastornos respiratorios. 6) disminución de la resistencia a las enfermedades. 7) pérdidas de peso. 8) disminución en el rendimiento. 9) alteraciones en el estado general y en el manto piloso. Los aportes de proteínas son fundamentales para el organismo, sus necesidades son diferentes en etapas de la producción equina como es el crecimiento y la gestación. Una carencia proteica provoca un conjunto de alteraciones como: pérdida de apetito, alteraciones en el pelaje, pérdida de peso, lento desarrollo en los potrillos y en las yeguas puede afectar la fecundidad, su producción láctea y el crecimiento fetal. Lo inverso, o sea, el aumento de proteínas en la dieta, altera la fermentación bacteriana, produciéndose diarreas, afecciones hepáticas, reproductivas, y del aparato osteoarticular. El crecimiento del hueso y del cartílago del potrillo y de la yegua gestante se alteran cuando existen desequilibrios alimenticios y carencias de: a) minerales fundamentales para su desarrollo como calcio, fósforo, zinc, cobre, etc. b) vitamina D, y c) excesos de proteínas, pueden ser el origen de ciertos trastornos localizados en el hueso y en las articulaciones, como: sobrehuesos o exóstosis, alteraciones en los aplomos, epifisitis, enfermedades del desarrollo, defectos en el crecimiento, osteocondrosis, etc. Cuando se realizan cambios nutricionales en la dieta de los caballos, debe permitirse que el aparato digestivo tenga el tiempo suficiente para adaptarse al nuevo alimento, para permitir que las secreciones digestivas se tornen eficaces y permitan la llegada de un alimento bien digerido al intestino grueso. Cuando esto no sucede se producen diversos trastornos digestivos, algunos ellos de gravedad. Un exceso en la cantidad de alimentos administrados, como así también el hecho de no repartir la ración en varias tomas al día, ocasiona la llegada de grandes cantidades de alimento al aparato digestivo. Como consecuencia de ello el intestino sufre una sobrecarga alimenticia, el organismo no puede satisfacer una correcta digestión de las mismas, generando un aumento en las fermentaciones microbianas y un incremento en la producción de gas y endotoxinas bacterianas. Este error trae aparejado trastornos localizados en el tracto gastrointestinal de diversa índole, el cólico y la diarrea son dos ejemplos manifiestos y temidos en el ámbito de la producción equina, pero en ciertas ocasiones las endotoxinas bacterianas son liberadas en la corriente sanguínea produciendo alteraciones circulatorias caracterizadas por congestión e inflamación en los cascos y el animal sufre en su pie, las serias consecuencias de otra enfermedad conocida con el nombre de laminitis o infosura. Las intoxicaciones pueden ser definidas como el estado morboso que presenta el organismo cuando se introducen al mismo una o varias sustancias tóxicas, o cuando se acumulan en el cuerpo aquellos elementos nocivos originados como productos de la transformación incompleta de los alimentos debidos a una sobrecarga de los mismos. Las intoxicaciones alimenticias pueden ser causadas por la contaminación a través de la ingestión de ciertas plantas tóxicas, ingestión de tóxicos o venenos de diferente origen, existencia de hongos y toxinas de los mismos (llamadas micotoxinas), el exceso en la administración de vitaminas, minerales, hidratos de carbono, proteínas. El aparato reproductor y su ciclo estral son netamente receptivos a las variaciones nutricionales y se observan modificaciones. Los porcentajes de preñez y aún los de parición muestran resultados que indican su descenso. Los fardos o los concentrados con exceso de polvo producen su inhalación involuntaria y continua. El caballo posee una habitual conducta de de soplar sobre la comida afectando de esa forma las vías respiratorias. La enfermedad obstructiva crónica de los caballos (EPOC), bronquitis, bronquiolitis y el enfisema, representan ejemplos de trastornos respiratorios. Los fenómenos alérgicos están relacionados con la administración de un producto ingerido por el caballo, y pueden ser: 1. inmediatas o tardías. 2. estacionales o no estacionales. El conocimiento y la individualización de las sustancias que desencadenan este tipo de alergia en los caballos es escasa pero deben incluir: suplementos vitamínicos y minerales, alimentos balanceados, granos, fardos o rollos, pasturas, etc. Los signos o síntomas de naturaleza alérgica se localiza en: • la piel, representado por urticaria, inflamación de la misma y por un intenso prurito que pueden ser manifestarse en diferentes partes del cuerpo, cola o en la zona cercana al ano. • manifestaciones en el aparato digestivo. • alteraciones respiratorias.


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